¡Adiós mundo cruel!

¡Adiós mundo cruel!

“¡Adiós mundo cruel!” es lo que decimos antes de dar ese gran salto a la piscina, que probablemente empapará a la señora de chorrocientos mil años que lee tranquila junto a la orilla. Es lo que decimos antes de apagar la luz y correr desesperados hasta el otro lado del pasillo, rogando a todos los dioses del universo para no caer en las garras de nuestro Freddy Cröeger imaginario. Porque aceptémoslo, todos tenemos un asesino en serie que ha esperado todas nuestras vidas en las tinieblas, esperando el momento preciso (que curiosamente es ahora cuando por fin nos vamos a dormir) para asesinarnos y quitarnos las entrañas. Es gracioso, pero cierto; admítelo. Todos lo hacemos y todos lo decimos cada vez que nos enfrentamos a algo desconocido que afectará nuestra área de confort.

Porque si hay algo que nos aterra en la vida más que cualquier otra cosa, es el miedo a lo desconocido. A emprender ese nuevo camino que siempre quisiste seguir, pero que nunca tuviste el coraje, o ese hermoso vestido que viste en la tienda y que no te probaste por miedo a lucir fatal. Así me siento ahora, apretando teclitas que darán comienzo a este blog.

¿Por qué? Porque me aterra la idea de que nadie lo lea; así de corta. O lo que es peor, que sí lo hagan, pero que sea tan malo que quieran imprimirlo sólo para tener el placer de verlo arder en llamas. La mera idea hace que me den ganas de correr a mi casa y hacerme bolita, y no quiero que sea así. Quiero que sea un aporte y que ojalá lo disfruten, pero debo confesarles algo: no tengo ni la más puta idea de cómo hacerlo.

Asíque intentaré ser yo misma, contarles de aquellas cosas que me apasionan, aquellas que me dan risa, las que encuentro interesantes y, si hay alguien que esté interesado allí afuera en saberlo, contarles un poco sobre mi proceso creativo (aquí creo tener algo especial para dar). Eso sí, les advierto desde ya: Soy una nerd. Me gusta la literatura, el arte, la música, los avances tecnológicos y la innovación. Cosas que parecen no encajar, pero que por alguna extraña razón hacen sentido en los pliegues de mi azotado cerebro. Así que aquí vamos, a ver que sale de esto:

¡Adiós mundo cruel!

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